La
novela narra la historia de Juan Pablo, un mexicano que se va a estudiar el
doctorado a Barcelona. Justo antes de partir para España, queda involucrado en
los problemas de su primo, de los cuales no puede zafarse, y que lo acompañan
en su viaje al otro lado del atlántico.
Lo
que me llevó a leer esta novela fue el hecho de que el autor fuera mexicano y
que la trama se desarrollara en Barcelona. He estado interesándome por la
literatura de mi país, y por tanto he comenzado a buscar autores que me eran
desconocidos. Además, pensé que el que estuviera ambientada en Barcelona podía
despertar algún tipo de interés. Sin embargo, no sabía mucho más del autor ni
de la novela, y no estaba segura de que me fuera a gustar. Estaba dudosa de
comenzarla, e incluso opté por leer otro libro antes que ésta.
¡Pero
en qué gran error estaba! Desde un principio quede atrapada, tanto por la trama
– un tanto detectivesca – como por la prosa de Villalobos. Aunado al suspenso
continuo de la historia se encuentra un toque cómico, irónico, que relajan la
lectura y la vuelve menos densa. El personaje principal – que comparte aspectos
autobiográficos con el autor – se encuentra metido en un enredo de negocios
internacional que se encuentra al borde de lo irreal, y lo cuenta sabiendo lo
dudoso que puede parecer a cualquiera que se encuentre en el exterior, por lo
que constantemente repite en su narración la frase no voy a pedirle a nadie que me crea.
No
obstante, Juan Pablo no es el único narrador de la novela. A través del diario
que lleva su novia Valentina, la cual se va a Barcelona junto con él,
descubrimos otra mirada de los hechos, aquella de quien se encuentra excluida
del secreto que guarda – y sufre – Juan Pablo. La novela, por tanto, se
conforma de ambas voces, que se intercalan capítulo tras capítulo, para mostrar
una vivencia de Barcelona fuera de lo normal.
Sin
querer dar muchos detalles del libro para no arruinar la lectura a futuros
lectores, quiero decir que ésta a sido una de mis novelas favoritas del año.
Por una parte me identifico con el contexto – un mexicano estudiando en
Barcelona –, pero por otra parte también estoy fascinada con el estilo de
Villalobos; la manera en la que pinta la situación, sin caer en lo dramático o
en lo absurdo, e inyectándole constantemente ese toque de humor hace que la
novela sea adictiva de leer.

