domingo, 23 de septiembre de 2018

No voy a pedirle a nadie que me crea



La novela narra la historia de Juan Pablo, un mexicano que se va a estudiar el doctorado a Barcelona. Justo antes de partir para España, queda involucrado en los problemas de su primo, de los cuales no puede zafarse, y que lo acompañan en su viaje al otro lado del atlántico.
Lo que me llevó a leer esta novela fue el hecho de que el autor fuera mexicano y que la trama se desarrollara en Barcelona. He estado interesándome por la literatura de mi país, y por tanto he comenzado a buscar autores que me eran desconocidos. Además, pensé que el que estuviera ambientada en Barcelona podía despertar algún tipo de interés. Sin embargo, no sabía mucho más del autor ni de la novela, y no estaba segura de que me fuera a gustar. Estaba dudosa de comenzarla, e incluso opté por leer otro libro antes que ésta.
¡Pero en qué gran error estaba! Desde un principio quede atrapada, tanto por la trama – un tanto detectivesca – como por la prosa de Villalobos. Aunado al suspenso continuo de la historia se encuentra un toque cómico, irónico, que relajan la lectura y la vuelve menos densa. El personaje principal – que comparte aspectos autobiográficos con el autor – se encuentra metido en un enredo de negocios internacional que se encuentra al borde de lo irreal, y lo cuenta sabiendo lo dudoso que puede parecer a cualquiera que se encuentre en el exterior, por lo que constantemente repite en su narración la frase no voy a pedirle a nadie que me crea.
No obstante, Juan Pablo no es el único narrador de la novela. A través del diario que lleva su novia Valentina, la cual se va a Barcelona junto con él, descubrimos otra mirada de los hechos, aquella de quien se encuentra excluida del secreto que guarda – y sufre – Juan Pablo. La novela, por tanto, se conforma de ambas voces, que se intercalan capítulo tras capítulo, para mostrar una vivencia de Barcelona fuera de lo normal.

Sin querer dar muchos detalles del libro para no arruinar la lectura a futuros lectores, quiero decir que ésta a sido una de mis novelas favoritas del año. Por una parte me identifico con el contexto – un mexicano estudiando en Barcelona –, pero por otra parte también estoy fascinada con el estilo de Villalobos; la manera en la que pinta la situación, sin caer en lo dramático o en lo absurdo, e inyectándole constantemente ese toque de humor hace que la novela sea adictiva de leer.

martes, 14 de agosto de 2018

Cómo comportarse en la multitud


Cuando compré este libro el librero me dijo que era una mezcla entre The catcher in the rye y una película de Wes Anderson. Si en un principio quizás no estaba tan segura de comprarlo, esta descripción me convenció. Recuerdo haber leído el primero hace muchos años y quedar fascinada por la actitud de Holden; y hoy en día me emociono con cada nueva película del segundo.
Comencé el libro y rápidamente quedé inmersa en él. Si bien el libro presenta a Dory, un personaje principal masculino adolescente (o pre-adolescente en el inicio) como The catcher in the rye, rápidamente uno se da cuenta de que éste no es un cínico como Holden, sino un chico dulce y observador, que se encuentra un poco a la sombra del resto de su familia. La historia se desarrolla en el seno de una familia francesa compuesta por el padre y la madre, y seis hijos, de los cuales los cinco mayores son académicamente sobresalientes y a los cuales Dory, el menor, no parece asemejarse.
A lo largo de la novela Dory narra sus vivencias, tanto dentro como fuera del núcleo familiar, con lo que se va viendo el desarrollo del personaje, como en cualquier novela de formación. Si bien en un principio Dory piensa que es invisible, poco a poco se va dando cuenta de aquello que lo hace especial y de su papel en la familia. Asimismo, comienza a abrirse más, haciendo amigos y moldeando su personalidad. Al final de la novela se puede apreciar un Dory más maduro, más seguro de sí mismo, pero que no ha perdido el encanto inicial.
Lo que más me gustó de la novela fue sin duda el personaje principal. A diferencia de sus hermanos, Dory no es nada pretencioso ni arrogante, sino dulce e incluso se subestima. Al ser diferente a sus hermanos por no tener los mismos méritos académicos que estos, se siente un poco alienado, por lo que en un principio no suele participar en las conversaciones – no se encuentra en el mismo nivel intelectual que sus hermanos – y en cambio se dedica a observar. Sin embargo, conforme va madurando va comprendiendo mejor a su familia y, confirme va reconociendo su propio valor, deja de posicionarlos en un pedestal tan alto.
No quiero dar muchos detalles para no arruinar el libro para futuros lectores. Lo único que puedo decir es que Como comportarse en la multitud ha sido uno de mis libros favoritos de este año, y probablemente el favorito. Es un libro fácil de leer, pero con un gran análisis de los personajes , llevando a cabo un pequeño estudio sociológico de una familia y una comunidad.



jueves, 1 de marzo de 2018

Después del invierno




Leí este libro hace meses, así que no recuerdo todo con detalle. Sin embargo, recuerdo la sensación que me produjo.
La novela sigue las vida de Cecilia – mexicana estudiante en París – y  de Claudio – cubano que trabaja en una editorial en  Nueva York –. La mayor parte del libro estas dos tramas transcurren de forma separada, pero por un breve momento se encuentran, sólo para volverse a alejar. Las historias se van yuxtaponiendo capítulo por capítulo, dando a conocer a sus personajes al mismo tiempo.
Nettel tiene una prosa sencilla, capaz de dibujar el estado de ánimo de sus protagonistas. No utiliza un lenguaje rebuscado ni añade más cosas de las necesarias; dice lo suficiente para sumergirnos en ese mundo melancólico en el que habitan sus personajes. La suya es una escritura fina, sencilla, pero no por eso pobre, sino que dice justo lo que tiene que decir.
Algo que me gustó es la manera en la cual Nettel presenta a sus protagonistas. Claudio y Cecilia son muy diferentes; no sólo por el hecho de ser hombre y mujer, sino también en el carácter. Cada uno está dibujado de manera individual, y, sin embrago, cuando coinciden en la trama sus personalidades se complementan sin necesidad de deformarse. Son personajes que se sienten reales, con defectos, con virtudes y con contradicciones, pero siempre auténticos.


Lo que más me marcó de este libro es la manera en la que me identifiqué con Cecilia. Mientras leía Después del invierno me remonté a la época en la que llegué a Barcelona. Conforme avanzaba la trama, la soledad de Cecilia se convertía en mi soledad, y esa sensación de llevar el invierno dentro de uno mismo se me apareció como un déjà vu. Regresé a la primera época en Barcelona, al invierno lionés, y tantas otras épocas en las que me invadía una melancolía que no podía explicar, y parecía como si Nettel escribiera sobre mí.
Supongo que lo más importante para mi es identificarme con un libro. Eso no quiere decir que no pueda apreciar la calidad literaria si no es así, sino que para que me marque debe de haber algo que me hable individualmente. Y eso es precisamente lo que me pasó con este libro. Hacía tanto tiempo que no leía algo así, algo que me resultara tan personal. Creo que este se ha vuelto uno de mis libros favoritos.

martes, 2 de febrero de 2016

22




Veintidós. No hice nada especial. Ana vino unos días antes. Fuimos a cenar y después salimos. Me dije que esto era suficiente, y quizás lo fue. No sé, conforme pasan los años comienzo a darle menos importancia. Al fin y al cabo, es sólo un día más; otro día de noviembre.
En teoría debería sentirme mayor, pero es todo lo contrario. Cada vez me siento más perdida, menos preparada. Cuando tenía trece o catorce años pensaba que podía hacerlo todo; pensaba que el mundo estaba hecho para mí. De grande sería escritora, viajaría, sería famosa. Poco a poco la confianza en mí misma fue disminuyendo y de escritora pasé a ser periodista; cambié las novelas por artículos. Sin embargo, escribía para una revista de viajes o un periódico importante; mi vida no se veía nada mal. Viajaba, escribía, no estaba atada a ningún lugar. Pero en algún momento (en realidad no sé cuando), todo cambió. Ahora, cuando pienso en el futuro - el cual ya no es distante, sino que roza el presente - ni siquiera me siento cualificada para trabajar en un café; mucho menos en una revista. Cada vez que leo un artículo me siento incapaz de pensar en escribir algo similar; siento que mi voz no tiene nada de autoridad.
Antes veía el futuro con ansia, ahora lo veo con miedo. Quiero tener veintidós por siempre.